se terminó.
De como siempre me olvido de la primera persona

Una vez pasado el momento
podría no comer en años.

Hay una tormenta de acechos
que nunca llega y estoy harta.

Ya no sé escribir nunca más.
¿O es que alguna vez lo supe?.

El milagro me comió los ojos
y las ondas ilusorias de la falta de razón.

No tengo justificaciones a mis desprolijidades
pero no me vengas con la música del embajador,

los oficios de alter-ego y los gritos de grandeza
me quedan chicos en las manos sin odios.

Callar es el secreto que siempre salva
y es claro que no querés perderte.

No me da vergüenza

O pequeño poemario escrito tras leer libros de la Editorial CILC

Por orden de aparición:

Oscuridad
Leer. Pensé que las cosas
podían quedarse quietas.

No quiero ser seria.

Quiero un caracol-de-tela
en los ojos como monstruos
llorando de abandono
porque no quiero monstruos.


Inconvenientes cotidianos I
Hacés el té
todas las mañanas
desde ya no sé que mes.

Yo me siento en la cama
con mi pelo de tela-araña
y te miro
y pienso
que si fueses un personaje
de mi serie favorita
te echaría a patadas
de tu propia casa
por decirme ciertas cosas

mientras todos aplauden
en el "detrás de escena".

Pero tengo miedo.
Y además te amo.


Conversación
-Muerto el amor, sólo habrá plegarías.
-Callate, querés? Que necesito dormir.


Cuerpito gentil
Son las cuatro
de la madrugada
de un sábado
de música apestosa

y hombres como hormigas
buscando pasar la noche.

Cuando salgo hace mucho frío
y me pongo la campera enorme
la de colores, esa que parezco
un jueguito infantil o una vieja
gorda y cansada.

Las chicas que pasan se ríen de mí
entre dientes o carcajadas
aunque se mueren de frío
-y de ganas-
ante los hombres-hormiga.

Yo me encapucho más
y camino hasta tu casa,
para desnudarme
y dormir con diez frazadas.


Inconvenientes cotidianos II
Siempre que llego acá
hace frío
llueve
hay desorden
y la habitación está cerrada
-con llave-.

Hoy limpié TODO
y encontré tinta china.
Hice dibujos en las paredes.

Ahora es de noche
y está todo negro:
la tinta
las paredes
las palabras.
TODO.

Por eso no te invito seguido,
acá.

No hay más que miedos.
Y los hombrecitos de tinta china
me comen la boca.


Eso no se dice, eso no se hace
Cuento cuadernos:
uno
dos
tres
cuatro
cinco
seis.

También hay una caja,
que contiene cuatro o cinco más
rayados y cuadriculados y lisos.
Y hay hojas sueltas
y una carpeta -llena- con letras
de cuando tenía menos de trece:

estaba triste y quería morirme.

Ahora, al menos
lo segundo ya no es una opción.


a, b, c, d, p
en mi abecedario
la única letra que no entiendo
es la que encabeza la palabra
que denomina
al principal integrante
masculino
de una familia.


Imaginate
Sentada en el medio
de la habitación,
con una manta -azul-
cubriéndote las piernas.

Hace frío. LLueve.
Las heladeras del mundo
están chillando,
y vos,
sin darte cuenta,
hablas:
semi-vigilia
.
.
.
.
.
.
.
la puta madre que te pario.
Horario estándar


(extracto)

(...) Además, M. no tenía el pelo enrulado ni los senos erguidos como las mujeres que andan por la calle tan sedientas. Ella era, aunque nadie lo sabía realmente, una fría y cóncava estrella;
crucificada y envuelta para regalo.
Gasté todo mi dinero
en comprar moneditas de metal, plateado
e intentar que entren en la ranura de tus labios.

Coloqué cincuenta y siete fichitas
en la mesa de luz, mientras cerrabas los ojos
y dejabas de creerme.

Ahora el jueguito está apagado
y vos dormis, en tanto yo
dibujo tímidas palabras en mi noche de ausencia.
"-¿Y qué has visto al observarme? -De verdad quería saberlo.
-No me recuerdas a nadie.
-¿Y eso es bueno?
-Eso es casi increíble."

Jo Alexander, Extrañas Criaturas
Palabras-comodín; Imaginería; 2008

  • niña
  • noche
  • orilla
  • parir
  • loba
  • canto
  • espejo
  • madre
  • luna
  • tiempo
  • sueño
  • vientre
  • signo
  • comulgar
  • reina
  • jardín
  • rostro
  • sed
  • manto
  • nombre
  • mujer
  • dioses
  • rito
  • cenizas
  • vértigo
  • amor
  • vacuidad
  • manos
  • soles
Convidame,
de esa lluvia que todo se lleva.
Acercame el sueño
en estas tardes soleadas
donde la mar está tan lejos
y mi padre nunca vuelve.

Convidame,
que estoy falta de aciertos.
Y esta suerte de mañana entramada
me rellena los ojos
de un fulgor inaceptable,

entre tanta tierra
tanto aroma.

Piel de sauce llora
que las luces cuando apagan
son siluetas nunca sombras.

Convidame,
no te lleves mi única confianza
mi registro sin escritos
de propias libertades.

Yo soy mía.
Y el precio es siempre una mentira.
No soy un artista del Malba ni de alguna pequeña galería en los suburbios de París. Tampoco soy un artista del Pueblo, que realmente disfrute exponiendo (su mísera obra) en las descascaradas paredes de los centros políticos, culturales, barriales o sociales. No me interesa mostrar al niño que muere de hambre entre el barro y las plagas, ni dedicarle meses a una tonta imagen llena de bombillas de colores y galletitas sonrientes para ganar el primer premio de Arte BA y saciar los bolsillos, volviendo a casa con las manos llenas del vacío contemporáneo.
No me considero presa ni libre. No me siento agobiada por el acto de elegir lo que pocos pagan y tampoco siento necesario que mi trabajo (mi forma de vida) sea paga por completo. No poseo renombre y mucho menos un nombre característico, una firma, una punta de iceberg que grite quien soy.
Pero, y en esto soy segura e implacable, mis dos ojos observan (además de mirar) y deciden, entre tanta imagen colapsando estos tiempos, un punto fijo desde el cual tirar una cuerda y armar un tendal que sostenga mis días de fotógrafa; los cuales, y en esto también soy implacable, no siempre son mis días de artista.
Extracciones de la virtualidad III

En una conclusión sobre las masas tecnológicas, el capitalismo y la falta de revolución:

- A mí el Universo XL me conquista.


Nota del creador de entradas: Las partes fundamentales que relatan las sensaciones sobre los mares de gente, el futurismo, Capital Federal y su impersonalidad, y demás detalles sobre las políticas de Estado que nos reducen a una computadora son, en este caso particular, completamente irrelevantes.
Cuando los árboles
de amarillo cubiertos
amanezcan helados de tu ausencia

cubriré los ojos con que visto

y ofreceré a los vientos
mi reflejo mayor.
voyage
comeremos nuestro átomo
y por fín sabremos si llorar también fue bueno










traje todos los cielos desde tandil

hacia acá; para no olvidarme nunca
I

y este canto estremecido
este abrir las manos
en busca de un agujero donde caer despierta


II
cuánto esperar
a que abras tus ojos
del color de nacer


III

esa noche
en la que seremos como bosques
pulsando entre las piedras
Pantomimas de mujer enamorada

Cansarse no es cerrar los ojos y desear morirse;
sino
un poco de rabia, mezclada con la sensación
de no encontrar las fórmulas exactas. Sí, esas
las que no existen.

La poesía es como un cauce
infinito, que no llega
al menos a mi ombligo.

En cuanto a la imágen
la retengo tan perfecta
que pudiera romperla
y rehacerla

romperla
y rehacerla;

sucesivamente.

Doscientos treinta y dos fotogramas encerrados
en un cubo de aire flexible
que lentamente y a modo de aviso,
me dictan los pasos.

Cansarse no es abrir los ojos y desear morirse;
sino
un poco de arena entre las manos creídas pulcras
y la interna complejidad de vivir
junto al ser amado.

Cuando tenga tiempo
voy a salir a decir que la soledad
sí que sabe de musas, misterios
y mentiras.

Mientras tanto me retuerzo.
Mientras tanto, bebo
la savia azul verdosa de unos ojos
que critican la imtemperie de mi voz,
de la cual, a duras penas
no queda nada

nada más que yo
mordiendo los labios míos
que suplican a la tierra, al cielo
un minuto razonable
de impetuosa calma.

No es que esté gritando, ni chillando;
no es que esté siquiera quejándome, marcando
con la punta del dedo índice
las culpas exhibidas
en la mejor galería de arte.

Cansarse no es cerrar los ojos, no es abrirlos
no es desear morirse:

es temer.
Desde el fondo de las cosas;
raíz, tierra protectora.













postales hechas a mano
para los amigos de lejos y cerca
cada una, única en su especie
Hay especies desconocidas gestándose en el fondo del cuerpo
entre paredes y signos, entre pequeños espacios y tormentas.

Nadie sabe aún si las flores llegarán a marzo
con esa furia con la que aprendieron a crecer en otros meses,
entre esos papeles que supimos regalarnos y aquellas piedras
que cayeron desde lo inesperado hacia lo vívido.

Nadie sabe aún si las piezas completarán el juego
con esa suerte de principiantes que ya no hemos de tener,
entre estas semanas que quisimos dibujarnos y esos espacios
que invadieron desde afuera hacia lo interno del envase.

Hay países desconocidos olvidándose en el fondo de una taza
entre líquidos y canciones, entre pequeños universos y extrañezas.

Y es que nadie sabe aún, pese a ser primeros y reyes de lo creado.
Cada tanto un adoquín.
Manuela sabe que la tierra
es reina madre de los hombres.
Su cara de niña, de mujer hambrienta
se pregunta si en las manos
de esta reina que es amante
hay espacio para ella
y sus ojos de serpiente.

Cada tanto un viento rojo
en su espalda como un puente
caminado con las babas
de la inmensa esclavitud.

Cada tanto un soplo, un correr entre la niebla
de persona acostumbrada
a los políticos reinados
y elegidas abstinencias.

Manuela se pregunta
porque sabe
que en cuestiones de raíz
y nombramientos absolutistas
las respuestas se hacen agua
para esta tierra que cada tanto
ya no es fertil.
amigo cielo
contame la historia
de las lluvias de verano
y el por qué de las hormigas
que de la tierra brotan
con surcos como heridas.
contame
que se hicieron las mañanas
de la infancia calurosa
donde un hombre era un secreto
y una estrella el tibio hogar.

rey de las nubes
contame que pasó
con las luces de la noche
y su sucia inmensidad.

amigo cielo
llevame
a los huecos que en el sol
son hogar para mi sueño.










un oso que es una postal que espera una casa
Extracciones de la virtualidad II

· era una chica agradable
· no sé que onda
· era normal
· pero decía la calor

venga valiente ¡salta por la ventana!

alrededor de una nave
que es una casa
alzada con frazadas en invierno
y botellitas de agua en el verano
clavé una repisa de madera, blanca
donde deposité con sumo cuidado
cincuenta y tres gemas de colores.

una a una
alumbran con la luz
de algun sol valiente
el adentro de la nave
donde duerme su rostro
de pequeño exilado
del paisaje hipócrita del cosmos

que con manos urgentes
nos lanzó hacia adentro
y por suerte resistimos
y viajamos tan lejos
que al fin se nos hizo imposible
volver a tocarlo.

a ese, el mundito cuadrado
donde los hombres fabrican
con la sed
un castillo de papel
a punto de prenderse fuego
y dejarnos sin dulce.

y digo que resistimos, a ese cosmos
para quedarnos en esta nave
que es la casa
levantada con los ojos
de un futuro, quizá manicomio
pero nunca puntas de un cuadrado.

cuaderno estampado cosido a mano
este se convirtió en regalo y se fue
Qué mejor, amor
que levantar la voz
y que suene doble.
desde la terraza
en un aeroplano de papel
puedo yo volarme el cuerpo

puedo yo volarme el alma
desde la planta verde de mis pies raíz

puedo yo volarme el cuerpo
en un aeroplano de papel
desde la terraza
ahí
donde tu nombre,
yo armé mi casa
De las cosas que nunca termino I

Linda, como quien dice linda, no sé si es, viste. Pero tiene esa forma de mover las manos cuando habla y mirarte directamente a los ojos justo cuando vos la estás mirando y ella pregunta algo clave que... No sé, la verdad es que sí es linda. Pasa que yo me hago el sonso, viste, me hago el desinteresado porque ella está con todo eso de su ex novio, ese tal Pablo, que la llevaba al teatro y se dormía. Yo no sé, la verdad pareciera que a las minas les gusta sentirse abandonadas. No, pará che, yo no digo que todas sean iguales, además ella se queja y cada vez lo nombra menos a este Pablo, pero no sé, para mí que no le muevo un pelo, siempre tan limpia de pudor y sin problemas al hablar. Me abruma un poco viste, eso de preparar el mate, ubicarnos en el patio, ella descalza, yo mirándola, el agua a punto, la sombrita de la parra, su piel entre un haz de luz...
mirá, la cosa es así: en vez de llorar las horas hago cuadernos
(y alguna que otra cosa)


mi tiempo de nada
del cuaderno que se fue a la casa de juanpiypau
¿De qué está hecha tu palabra? ¿Cómo existe tu letra en mi armonía? ¿Cada cuántas líneas puedo negar con la cabeza sin que veas? ¿Puedo negar?.
La noche es aliada de nuestro concierto: un manto de importantes oraciones persisten entre la risa de papel mecánico y un barquito queriendo cruzarlo todo. Es como la lluvia cuando vuelve, sobre tanta soledad, sobre tanto gris y acolchado amontonado entre los hombros. ¿Puedo negar?. Yo no sé del arte, no conozco la historia de esos ojos
pero creo que mi emblema debería tener alas.

. las horas vacías andan
rondando tu luz y mi fin .












Hay tiempo
Pebedas
Disco de descarga virtual
Noviembre 2009
Productos del aburrimiento II
Las cosas que uno dice para disfrazar lo que realmente quiere decir.

Hay una forma
nueva
de llamar alguien.

Consiste
simplemente
en pensar en la persona en cuestión
y pestañear
cien veces conscientes
mientras cantas
en voz baja muy baja
una de Spektor
(o una que sepamos todos).

Atención:
No siempre funciona.
Pero qué divertido
saber que uno puede, solo
cruzar la calle y masticar
un chicle.
Tengo un vestido con bolsillos del tamaño de mis manos cada uno de ellos. Adentro no hay nada, nada más que algunos hilos de tabaco rubio, una moneda, una pelusa de hace cinco meses y un pedacito de papel con la inicial de un nombre que no existe por faltarme el resto de las letras.
Tengo una grulla roja y otra blanca, ninguna está libre de polvo y mucho menos de sombra.
Tengo un libro de Bradbury, dos, tres, cuatro. Una caja con papeles que cuentan la historia de un futuro que ya no es y un sobre abierto y vacío en el piso del placard.
Pero tengo, sobretodo, un rostro amado debajo de la almohada. Cada vez que puedo, mientras duerme, cuando se baña, cuando escribe y cuando estudia, cuando tiene los dedos en cuerdas, cuando cierra los ojos y no me mira y cuando está lejos y yo asuatada, le beso las mejillas y le pido que me cante.
Este rostro mío, junto con el vestido y sus bolsillos con tesoros, junto con las grullas que nunca serán la cantidad necesaria y los papeles y el sobre relleno de ausencia, no son todo lo que tengo. Pero la importancia del resto es poca, siempre y cuando yo pueda sentarme a mirarme las manos y reconocerlas, en su absoluta y plena construcción, como un enjambre de futuros poderes en mi vida.
El cuerpo es una cosa.
Yo me llamo con todas mis voces
y no termino de encontrarme.
La Cosa, que aguardaba, se ha dado la voz de alarma, me ha caído encima, se escurre en mí, estoy lleno de ella. La Cosa no es nada: La Cosa soy yo. La existencia liberada, desembarazada, refluye sobre mí. Existo.

[...]

No insisto; dondequiera que la meta continuará existiendo y yo continuaré sintiendo que existe; no puedo suprimirla ni suprimir el resto de mi cuerpo, el calor húmedo que ensucia mi camisa, ni toda esta grasa cálida que gira perezosamente como si la revolvieran con la cuchara, ni todas las sensaciones que se pasean aquí dentro, que van y vienen, suben desde mi costado hasta la axila, o bien vegetan dulcemente, de la mañana a la noche, en su rincón habitual.


La náusea, Jean-Paul Sartre

A los días que vivimos no se les acaba la miel, se les acaba la noche. Y es entonces cuando murmuran los otros, los rostros, los enmascarados vilmente expuestos en los escondites menos esperados. Ellos: rompen la palabra y la rellenan de hormigas que corretean frenéticas porque se acaba el tiempo de estío y vuelve el color de la fruta. Ellos: se duermen en mis manos mientras yo deambulo. Ellos no preguntan, no piden permiso, no se frenan, se refuerzan con las aves de mi torso que escapan presurosas a los nuevos ojos del verano.
aprendí a escribir
a fuerza del viento

y ahora
que entendí
que el viento se consume
y la noche no es más
que otro instante del tiempo

olvidé como hacer lo primero
El otro lado es cierto:
ví, aún sin ojos
la miel desde su hoguera.
¿Puedo negar?
¿Puedo acaso
romper las puertas
que separan a estos rostros
en la vacía otredad nocturna?

El otro lado es cierto:
tiene que serlo.
Productos del aburrimiento I

Mil versos en la nada, nada hacen.
A menos que aparezca el fantasma tecnológico
y nos alimente con su new post.
la petite fille

PLAGIO

«No hace nada, pero lo hace mal, recordó
»
La caída, El hombre del antifaz azul, Alejandra Pizarnik

Sombras en la noche invadieron lo que no cuidamos.
Se embestió sobre el campo del cuerpo.
Se quiso enmudecer el canto de las pieles desvestidas
que embellecían a la esperanza.

Y si se mudaron a la casa de mis ojos
¿cómo no corro hasta la tarde
que nace detrás de mi mirada?
¿Por qué no insisto
y me obligo con máscaras
y me canto?

De llanto se ha bordado cada instante.
Yo mastico la inocencia como un animal enfermo
repleto de espinas
que le entorpecen dibujar el Sol.

Pero ellas y yo entendemos
que el Sol tiene el sabor de la figura ausente.
este manto cubriéndote las manos
te aparta, no lo niegues
El hombre que pasó
corriendo ante los ojos de la inmensa niña,
vestía de negro, las manos
enguantadas buscaban
un lugar
donde morar
la huída.
Cada mancha.
Cada paso en la penumbra.
Cada decir no dicho.
Cada movimiento sonoro.
Cada ojo en la pared en el encierro
provocando los miedos
a la espera de otro gran comodín;
el miedo mayor.
Cada noche.
La quietud me desconcierta:
Todos esos cuadros, sus colores
de dulce estrangulación en la nada, de cómica
inmovilidad, de esos ojos
que miran en la noche
debajo de los cielos dormidos, buscando
un nombre para ahogar.
¿Por qué no toco mis manos
y me llevo, a tientas
en esta noche de nadie?

La quietud me desconcierta.
Pero bailar es quebrar la pintura
a la que pertenezco.
Me acordé que "lo que es tan fascinante sobre las orquídeas es que cada una de estas flores guarda una relación específica con el insecto que la poliniza. Hay una cierta orquídea que se ve exactamente como cierto tipo de insecto, y de esta forma, el insecto es llevado hacia esta flor y no a otra.
La flor es su doble, su alma gemela, y el insecto no quiere nada en el mundo, más que hacerle el amor. La penetra y se va, vuela y poliniza a otra alma gemela, vuelve a hacerle el amor. Y ni el insecto ni la flor van a entender nunca el significado único de su acto. ¿Cómo podrían ellos saber que gracias a su minúscula danza el mundo gira? Pero lo hace. Simplemente por el hecho de hacer aquello para lo que fueron diseñados, algo grande y magnífico sucede."

John Laroche
"Empecé a escribir cuando alguién me hizo daño... Me enamoré tres veces, una, dos y tres. Tú eres el número tres. Debo de reconocer antes de todo que mi insoportable vanidad no me permite mostrarme tal y como soy, pero de todas formas dejaré que las palabras fluyan por si solas y se viertan sobre el papel del modo mas inconsciente posible. Confio plenamente en la única parte de mi que me llena, este espectro imaginario al que llamo inspiración; a él le cedo todos mis sueños, como a un amante que, a tientas intenta reconocerme. ¿He dicho amor? Perdonadme..."

Jo Alexander, Extrañas criaturas
Pintar una imágen en photoshop.
Prueba 1.

Tiempo de nada



Anotador cubierto de letras viejas para rayar novedades
"Nada peor que el artista que considera que su misión no consiste en otra cosa que en encontrar una voz propia e inconfundible.

(...)

La técnica le concedía 10 o 15 segundos para que se separase de la cámara y acudiese a la escena que iba a ser fotografiada, pero cuando se producía el clic que detenía el tiempo, no había nadie tras la cámara. Es el autor de lo mejor de su obra: nadie, un desconocido mediante
el cual trataba de formularse a sí misma y, también, por qué no decirlo, salvarse."


Sobre Francesca Woodman
EL MUNDO 8/11/04
Volver;
la noche cae como lluvia en los párpados abiertos.

No he de volver.
Otras son las manos que llaman desde acá:
Entre estos hilos infinitos
y tersos, brillantes a la luz
como baba de caracoles andaluces

que hacen de mí
un interior exhausto
y primitivo;

que hacen de mí
una casa vacía
y verdosa.
Son otras las manos que llaman desde acá:
Pidiendo púrpuras eccemas
zurcos de sal, blanquísimos
como un manto vírgen en penumbras.

Ellas;
hacen de mí la herida.
Las callecitas de Buenos Aires III

La plaza de Retiro y los pibitos
de la esquina acobachados
con la P de Paco y Poxi.
Los puestitos de alfajores y gaseosa
calientes por el sol
de las tres de la tarde.
Retiro;
y ese miedo
a que te afanen y no vuelvas
a tu casa de más allá de la autopista.

Pero Retiro y el reloj,
la torrecita del encuentro
para no perderse por primera vez
antes de aprender el subte
y la combinación trescientos veinticuatro
que te deja a dos cuadras,
donde también te afanan
el billete corto, que traias
para los cigarrillos del día
y un café de plástico
entre los autos como balas.
Las callecitas de Buenos Aires II

En San Telmo el caracol
de la plaza del centro
con alambres y guirnalda
desde el techo de las telas.
Un ámparo de los días
melancólicos de hierros;

figuritas y juguetes
ropa sucia retro fashion.

En San Telmo la vereda
de los parches coloridos
con adornos del ahora
viniendo desde atrás

y un café entre la locura
de algun tango con micrófono,
un vestido como oro
diez tacitas porcelana
como viejas enjoyadas.

En San Telmo un saco roto
sin bolsillos ni monedas
y un millón de compradores
extranjeros de lo verde

que en la música se ven
entre gorras y tambores
y un minuto de nostalgia;
en la calle del antaño.
Las callecitas de Buenos Aires I

Corrientes; callecita-calesita.
Cabecita de abc, de sinónimo
de librito verde y borroneado.
Callecita del diluvio
de los puntos y las comas
y las íes como clavos.

Corrientes; cabecita tinta china.
Librería enormísima de esas falsas
historias de encuentro, de sinónimo
de conjugación apropiada.
Calesita de oraciones, de poetas;
innombrables y millones.
Ella olvidaba los retazos más importantes de su vida a la hora de despertar.
Él, con sumo cuidado, preparaba el desayuno;
y entre el té y el azúcar
ponía aquellos pedacitos que ella
iba a beber sin darse cuenta.
Pensé que diciendo las cosas de la forma más exacta, iba a lograr calmarnos. Pero no hice más que ruído y un bollito nuevo para el cesto de los rencores.
Vuelan de acá hacia allá
los pocos animales de ensueño
a los cuales mi piel
no pudo arrancarles un ala.
Esta manía de saberme en partes
en terrones de sal, en agujeros
de la lana de un pullover;
esta forma inmensa
de reconocerme sin formas

cada mañana, cuando olvido los desayunos
y concentro en los ojos
las imágenes de llovidos duelos

me lleva a comprender la astuta vitalidad
de quienes no concentran
las ranuras de sus maderas
en rajaduras inmensas.
De las cosas que me inspiran I ► Romeo está sangrando
Tengo miedo de enfriarme
en el silencio humedo de estas cosas
que desde hace tiempo cantan y hasta gritan
la misma melodía tediosa
de un crepúsculo ahogado.

El sol no está de mi lado, gimo;

entre tanta rienda suelta
acomodo mis dientes y amanezco
otra vez, como quien amanece en plena muerte.
Nadie hay
en los crepúsculos de la huída.
Me repito:
Hay que volver
al instinto de las formas
ahí, o en ningun lado
está lo que buscamos.
Escribió su nombre en una baldosa, con tiza, bajo la lluvia.
Quería olvidarlo.
tiempo de nada todos los viernes del mundo en feria batata

tiempo de nada es un proyecto palpable que reune un conglomerado de papeles reciclados a transformarse, entre otras cosas, en libros, postales y collages

además en la feria batata hay ropa, compañeros de trapo para sacar a pasear, una editorial independiente que se llama morosophos, tazas de té pintado, dibujos, gatitos de tela, más dibujos, cuadernos forrados en tela y estreptococos

calle 1 nº221 e/36 y 37 | a partir del primer timbre
Extracciones de la virtualidad I

Gainsbarre: ¿Seguís por ahí?
Adentro es el nuevo afuera: Así es
G: Que bueno. ¿Qué hacías?
A: Melancolía

(...)

G: Dale, desembuchá.
Knockitoff / Lemonsong
Primer Hombre Internacional
Demo de descarga virtual
Septiembre 2009
La poesía de ciertas mujeres es, a veces, enemiga formal de las niñas que gustan de los jardines y los pájaros.
Sucede que cada cierto tiempo Marianela cree que el mundo conspira en su contra.
En ese preciso instante Tomás toca el timbre de su casa. Y Marianela descree de las conspiraciones.
A: Una novedad no es precisamente algo literalmente nuevo
R: Las cosas literales siempre me produjeron rechazo
mi comodín es un retrato de su rostro
Lo importante es esto y no aquello

Estaba ella, y no toda sino parte de ella, sentada en un escalón de marmol, un escalón delante de una puerta que abre a un pasillo que conduce a una escalera que llega a una casa que tiene además de su respectivo baño y la cocina-comedor, un pequeño dormitorio. Y esto no es detalle menor, ya que allí, separados por ninguna pared, viven Oliverio y ella, que a pesar de estar sentada en el escalón de marmol, también podemos encontrarla recostada en su cama, en la puerta de la derecha viniendo desde el baño. Porque he dicho que estaba ella pero no toda ella sentada en el escalón y esto implica un desdoblamiento en parte fantástico y en mayor medida interno.

Lo que importa no es simplemente esta persona, este personaje, su accionar o su estado de quietud, su pensamiento, sino el escenario, el escalón de marmol, el pasillo, la escalera, la puerta de la casa y la casa misma, con su baño, su cocina-comedor, su única habitación y Oliverio. Eso es lo importante: Oliverio. Él y todo él, porque Oliverio no posee desdoblamientos fantásticos (y mucho menos internos).

Oliverio es un chico pálido, de ojos saltones, alto, pelo corto, semi enrulado, flaco, flaquísimo, realmente flaco. Tiene por costumbre el café, en una taza mediana de color azul francia que guarda en el estante justo al lado del frasco de café y las demás infusiones y no en el cajón de las tazas y los platos de las tazas, diría ella, que se llama Juana y también tiene el pelo corto y semi enrulado y es alta aunque su contextura física está dentro de lo normal. Pero eso no importa. Lo realmente importante acá es Oliverio. Oliverio y su cara dormida todo el tiempo, su manía de acurrucarse en el sofá y escuchar el mismo disco nuevo durante dos semanas para luego abandonarlo en el rincón rebalsado de músicos que ahora aburren. Oliverio y su triste forma de llamar a Gala, la gata que vive en el balcón de al lado. Oliverio y sus acordes.

Juana además usa anteojos y antes de dormirse revisa la cerradura de la puerta de calle unas tres veces, como cualquier depresivo-compulsivo, dirían sus amigos. Pero qué importa esto cuando lo interesante son las cuerdas de un instrumento que no cesa nunca antes de las tres de la mañana. Qué importa Juana si lo que llama la atención a todos los visitantes de la casa es la forma en que Oliverio se para frente al instrumento y se queja, en quejidos suaves, de su inarmónica manera de tocar ante estos visitantes. Qué importan los papeles que Juana acomoda inutilmente sobre el escritorio con el velador de luz tenue que está a la izquierda del ventanal que da al balcón. Qué importa la literatura, la poesía, las oraciones bilingües, las costosas traducciones, las citas a músicos implacables si los visitantes, los nuevos conocidos, quedan mudos e hipnóticos antes la crueldad de Oliverio consigo mismo cuando su instrumento llora los acordes previos al quejido de su boca, al suave quejido que su boca pronuncia diciendo que no hay tregua, que hoy no se puede tocar, que los ojos ajenos intimidan a las cuerdas que amablemente gritan por la noche. Nada importa de ella, cuando es él el observado y adorado por estos visitantes que realmente poca importancia tienen para ambos. Y ahí está la clave: esa poca importancia que ambos comparten cuando Juana se levanta del escalón de marmol, entra al pasillo, sube la escalera, abre la puerta y al mismo tiempo se levanta de la cama y sale de la habitación para acurrucarse junto a Oliverio que acaba de terminar de ponerle música a una nueva letra que ella, como de costumbre, escribió para él.